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En muchas partes del mundo se están realizando esfuerzos, con éxito variable, para
combatir
las causas de la
contaminación
atmosférica y su corolario de
efectos
devastadores para los habitantes de este
planeta. Las sustancias que contaminan el aire causan cada vez más trastornos patológicos
específicos y no específicos. La profesión médica, en estos casos, centra su
atención en las reacciones patógenas alérgicas, tóxicas e irritantes de las mucosas de
las vías respiratorias inferior y superior y de la epidermis. Los niños, particularmente, corren un
riesgo, pues la función de barrera biológica de sus mucosas no está suficientemente
desarrollada.
Hoy en día se realizan más investigaciones científicas sobre el nexo casual entre la
contaminación atmosférica y el aumento de ciertas enfermedades crónicas y agudas que hace
algunos años. Estas correlaciones parecen confirmarse según los datos registrados en la
evolución de la morbosidad.
Clínicamente hablando, la contaminación atmosférica más importante en forma de
partículas se debe al polvo, hollín, esporas de moho,
ácaros en el polvo doméstico y sus
excrementos, bacterias, virus,
polen,
amianto y metales pesados tóxicos.
"La mayoría de la gente tiene la idea errónea de que el aire exterior -especialmente en los
núcleos urbanos- está contaminado y que es mejor permanecer en estancias protegidas" (Ring, 1991).
Las investigaciones realizadas en los Estados Unidos (Walsh et al., 1983) revelaron hace tiempo que el principal
problema de contaminación es de puertas adentro. El aire del interior es normalmente
de peor calidad que el aire exterior (Ring, 1991). Este problema se agrava con los crecientes esfuerzos
para mejorar el aislamiento de casas y apartamientos, el aumento del número de animales domésticos,
los sistemas de aire acondicionado con funcionamiento deficiente y el humo de cigarrillos.
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Las personas pasan aproximadamente del 80 al 90% de su vida en el interior de edificios. Por esta
razón, aparte de eliminar las causas reales de la contaminación del aire, las medidas individuales
contra la contaminación deben sobre todo tender a
reducir los
contaminantes en el aire interior.
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Esto significa que la reducción de la contaminación en el aire interior es un objetivo que vale la
pena tener en cuenta en la
protección de
la salud de cada uno. Se ha observado que, especialmente en este
ámbito, se hace muy poco uso de los medios existentes, salvo el recurso a medicamentos, en la profilaxis de
las enfermedades alérgicas de las vías respiratorias.
Para resolver este problema hay que desarrollar métodos sencillos, eficaces y económicamente viables
que limpien el aire interior; métodos que en sí no produzcan efectos nocivos.
El margen de maniobra para las medidas individuales que ayuden a los grupos de alto riesgo es -comprensiblemente-
limitado. Sin embargo se están desarrollando nuevos métodos para reducir considerablemente el nivel
de exposición individual a la contaminación utilizando medios sencillos y eficaces. Con esta web
pretendemos no sólo explicar el problema médico, especialmente a los grupos de riesgo y a los
afectados, sino también informarles sobre nuevo métodos de profilaxis alérgica personal. El
saber con certeza que uno mismo puede hacer algo para prevenir o remediar una enfermedad puede ayudar a reducir los
temores y las incertidumbres.
¿Son las alergias una nueva forma de
pandemia?
Desde hace ya algún tiempo, la creciente frecuencia de las enfermedades alérgicas y del
asma ha creado
nuevos retos en los ámbitos de la medicina preventiva, la protección ambiental y la
investigación farmacológica. Sin embargo, los nuevos enfoques para tratar las causas de
alergias todavía tienen un largo camino que recorrer. Cada vez se hace más difícil encontrar
soluciones aceptables para los problemas médicos, sociales, económicos y de financiación
más importantes. En opinión de muchos doctores y afectados, las
alergias
y el asma están
tomando proporciones epidémicas. Hoy en día, el asma ya es la enfermedad crónica infantil
más frecuente.
En el estado actual de los conocimientos, se sospechan las correlaciones siguientes:
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· la cantidad de
alérgenos y contaminantes en el entorno
· cambios en la reactividad inmunológica
· cambios en la reactividad no específica y en la función de barrera de la piel y de
las mucosas
· factores genéticos |
Cabe la posibilidad de que estos factores se condicionen unos a otros. Ante tales hechos, es comprensible que se
tengan elevadas expectativas sobre métodos eficaces para revertir esta situación.
El control que se puede ejercer sobre algunos de estos factores es muy limitado -si es que existe. Por el contrario,
otros factores -aquellos que afectan al ser humano desde el exterior- pueden ser influidos conscientemente por
la propia persona. Reducir la cantidad de alérgenos tiene gran importancia, especialmente porque, si se
empieza a tiempo, la progresión de la enfermedad, y probablemente incluso la propia manifestación
de una alergia, pueden ser influenciadas de forma notoria, sobre todo en el caso de los niños con
predisposición alérgica.
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El espectro personal de la alergia o alergias de un paciente es un fiel espejo de su entorno. Por
consiguiente, es a partir de esta observación que pueden plantearse las opciones abiertas a una
determinada persona para influir sobre su situación.
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Vías respiratorias como puerta de entrada
Las mucosas cubren toda la superficie interna del cuerpo, incluyendo las vías respiratorias. Las mucosas
están en contacto con el aire, y como consecuencia están expuestas permanentemente a las influencias
de los contaminantes que se inhalan con el aire.
Las vías respiratorias están formadas por:
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· la cavidad nasofaríngea
· la cavidad bucal
· la faringe
· la laringe
· la tráquea
· los bronquios
· los bronquiolos |
Estructura de las vías respiratorias
El aire es inhalado por la nariz y la boca y llega a los alvéolos pulmonares tras pasar por una compleja
red arborescente de bronquios y bronquiolos. La superficie de alvéolos pulmonares en un adulto es de:
Para tener una idea de las cantidades de polvo que llegan a los órganos respiratorios, basta pensar,
como comparación, en el contenido que se acumula en la bolsa de un aspirador semana tras semana en un
apartamento. Los alvéolos, que es dónde se realiza el intercambio de gases (oxígeno por
anhídrido carbónico), están rodeados de finísimos vasos sanguíneos. Los bronquios
están recubiertos por una mucosa en la que existen innumerables cilios diminutos. Los cilios tienen una
importante función mecánica limpiadora. Generan un movimiento sobre la superficie húmeda en
dirección de la salida, es decir, hacia la boca. De esta forma las partículas de polvo y los
contaminantes sólidos que se han introducido en el pulmón se expelen con este movimiento.
Si se exige demasiado de este movimiento o si éste es inadecuado, se produce una tos irritante.
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