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El aire de interior está contaminado no solo por contaminantes gaseosos
como el formaldehído, el monóxido de carbono y los óxidos de nitrógeno, sino
también y especialmente por metales pesados (del humo de cigarrillos, calderas de gas, humo de coches...),
hollín, bacterias, virus, vapor de aceite, esporas de moho, ácaros del polvo doméstico, polen y
otras partículas contaminantes cuya importancia como
alérgenos
ha sido probada.
El tratamiento moderno y la prevención de las enfermedades alérgicas o asmáticas están
basados en tres principios que se están utilizando en muchos países de nuestro entorno ya que es la
forma más correcta de hacerlo y no como está ocurriendo hoy en día. Por ejemplo, si su problema
es de ácaros del
polvo doméstico, la pregunta es muy sencilla: ¿Tenemos la tecnología
para eliminar dichos ácaros? ¡Sí! Pues, ¿a qué esperamos?, el resultado
salta a la vista. Si no hay contacto con el alérgeno, no hay enfermedad. Es así de simple. Hemos puesto
el ejemplo de los ácaros, pero todas las partículas o gases contaminantes que nos afectan, si los
eliminamos, nuestro problema desaparecerá de una forma significativa al conseguir no estar en contacto
más de lo necesario. En los casos donde no se pueda evitar por razones de trabajo o del medioambiente
exterior, que es más difícil de controlar, procuraremos de evitarlo en lo posible.
Esta es la forma correcta y el orden a seguir, no empiece al revés como está ocurriendo actualmente en muchos casos.
Para ver algunos casos donde es importante un tratamiento correcto, consulte el apartado
Casos Reales.
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